CUANDO ME VOLVÍ CALOR

CUANDO ME VOLVÍ CALOR

Cuando me di cuenta que el frío quemaba… decidí ser su opuesto. 
Me propuse nunca serlo porque tenía marcas en la piel que me recordaban lo mucho que lastimaba. 

Y aunque no había cobijas, ¡me la ingenié!
Me bañé en amarillo y me pinté rayos de luz.
Me los tatué en la espalda como un nuevo recordatorio. 

Despegué las suelas y me eché a volar. 
Me senté en el sol y nos fuimos convirtiendo en uno. 

Me encantó la viveza… era diferente. 
Me atrapó la luz… ver era increíble. 
Me volví adicta a alejarme… me daba perspectiva. 

Desde que decidí ser el sol, ¡no recuerdo un día en el cual lo haya olvidado!
Aventé luces en el cielo, mandé señas y hasta grité a todo pulmón.

¡Diario me recordé intentar de todo!
Pero olvidé recordar lo más elemental: 

Mientras más cerca estás del sol, más te quema. 

Ahora me pesan los recuerdos de esos olvidos.

Y pa’ ser honesta, ya ni sé si he sufrido más por tanto olvidar o por tanto recordar…  
… pero gracias a esa travesía por convertirme en el sol, ahora veo que irme tan lejos de la atmósfera me hizo perder de foco el planeta y que tanta luz me dejó parcialmente ciega. 

¡Te juro que ya no se me olvida!
Que todo sirve hasta que deja de servir y que ahora para recuperar la vista, me toca cambiar de perspectiva.  

Y en este cambio de perspectiva, recordé que en mi travesía por ser el sol… se me olvidó que yo era el planeta 

¡Y necesitaba de todos los climas pa’ no tatemarme el cuero!

Lo bueno es que ahora no se me olvida ni por un segundo que el calor quema diferente al frío, pero igual de feo. 
Tengo nuevas marcas en la piel que me recuerdan a no olvidar. 

No olvidar que el sol es firme y no me va a dejar… 
… pero yo sí me tengo que mover. 

Si leíste todo o un poquito, GRACIAS <3

Pau

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