LA BATUTA DE LA ABUELA

LA BATUTA DE LA ABUELA

Llegué al consultorio del Humberto encabronada. 

– Ayer me pelee con mi abuela. 
La vi mal, le ofrecí llevarla al doctor y no quiso, me dijo que esperaba a una amiga a comer y le respondí:  

“Me vale madres si viene la reina Elizabeth, nos vamos al hospital ahorita”. 

No sé ni cómo me atreví a hablarle así a la gran matriarca de la familia.
Pero me atreví. 

– Humberto, mi abuela es súper terca y no quiso ir. ¡Me enoja! 

Mi abuela nació en 1931. 
Digamos que “la Abis” fue una chavita bien de toda y para toda la vida. 
Nació en una familia muy acomodada. 
Vivía en un terreno tan gigante que necesitaban de un ferrocarril para recorrer. 
Le lavaban el pelo con fresas frescas que cortaban de su “humilde” morada. 
Creo que tenía como 6 niñeras y hasta un pinche tigre de mascota.
Nació en un México muy antiguo y en una sociedad muy conservadora… (como ahorita pero peor y “menos peor” al mismo tiempo). 

Mi Abis y yo comíamos casi todas las semanas juntas. 
Caminaba a su casa y siempre que llegaba me esperaba con una sonrisa gigante. 
Maquillada y entera. Sin perder el estilo mi abuelonga chingona. 
Me obligaba a comer de más y me tenía mis cosas favoritas en el mundo listas: 

Nopalitos
Frijoles
Tortillas
Arroz y plátano. 

Y para terminar me daba por lo menos diez oreos (que me tenía que acabar) con un cafecito. 

Le leía y contaba cuentos… también cantábamos canciones juntas y estuve trabajando en el invernadero que dejó mi abuelo en su casa. Cosechamos zanahorias, apio, cilantro y hasta sembramos un pinche melón en la CDMX. También iba a verla tomar sus clases de baile. La grababa y le encantaba enseñar esos videos de ella bailando a cualquiera que pusiera un pie en su casa. 

La abuela y yo compartimos muchas cosas en común y hablábamos de cualquier tema. 

Digamos que mi Abis “aguantaba vara”. 

Era una mujer impresionantemente moderna y como bien dijo un día mi tío Charlie (el tío vegano del siglo): la abuela era una mujer que tenía una capacidad de adaptación impresionante. 

Era increíblemente carismática y sin duda un pinche personaje.
Ella una mujer sumamente religiosa y yo soy una mujer sumamente menos cien. 

Teníamos muchos debates sobre lo que era Dios y nos contábamos sobre lo que creíamos que pasaba después de la muerte. 

Teníamos debates hasta sobre la homosexualidad. 

– Pau, la homosexualidad entre hombres está bien pero entre mujeres no. 
– Ay, Abis claro que no. Además, si juzgas a las lesbianas te privas de ser un poquito lesbiana tú.

Mi abuela solamente se atacaba de la risa y me decía “ay no, qué horror.”

Pero aguantaba vara.
Era tremendamente adaptable mi abuela chingona. 
Tenía una inteligencia emocional brutal. 
Podía conectar con cualquier persona y lo hacía con total sinceridad. 

Era capaz de ver más allá de lo que ella creía. Podía estar en desacuerdo contigo y aún así aceptarte y amarte infinitamente, además de compartir y sentir felicidad por tu felicidad. 

Mi abuelonga me regaló muchas cosas.
Muchísimas más de las que le pude agradecer en voz alta mientras estaba en vida, aunque creo que ella sabía los regalos que me dejaba muchísimo antes de que yo me diera cuenta. 

Llegué a la siguiente sesión con el Humberto. 

– Humberto, saliendo de la sesión anterior me fui directo a casa de mi abuela. 
Llegué y estaba muy mal, la acabé ingresando a urgencias. 
He pasado estos días en el hospital.
Está en terapia intensiva. 

Le expresé todo lo que sentí por haberla visto llena de cables. 

– La debí de haber obligado a ir la semana anterior. ¡Es mi culpa!
Humberto, mi abuela es súper terca y no quiso ir y me enoja. 
– ¡Estoy enojada con mi abuela! Estoy enojada porque en Diciembre la iba a llevar a su estudio del corazón y me mintió. Me dijo que ya había ido. 
Mi Abuela me miente un chingo, Humberto. 

¿Cómo podía estar enojada con ella? 

– Ahora me siento culpable. ¿Cómo es posible que me enoje con ella?
Humberto, mi Abis ya se quiere ir.
Pero me enoja mucho porque ella tiene una inteligencia brutal. Es súper consciente de todo. 
– Bueno, Pau. Entonces con mayor razón hay que confiar en lo que ella quiere ¿no?

PUM. 
Tenía razón el famoso Humberto. 
Pasé nueve días en el hospital. 

Una noche dormí en los sillones de terapia intensiva hasta que me despertó el altavoz. 

– Familiares de María de los Ángeles Covarrubias 
Familiares de María de los Ángeles Covarrubias

Me paré más rápido que la velocidad de la luz, con pelos de loca y casi gritando “aquí estoy, aquí estoy”

– ¡Ay qué bueno que estás! tu abuelita quiere ver si le das de desayunar. 

Le di de desayunar en terapia intensiva y entre bocados me dijo: 

– Estoy preocupada porque seguro no hay nada vegano aquí. ¿Has comido algo? 

Así era mi abuela. Yo solo me solté a reír y le pregunté que cómo era posible que ella estuviera preocupada por eso en ese momento. 

¿Sabes? salió del hospital. 
Como pinche campeona. 
No mucho después, en su casa, me pude despedir de ella. 
Murió esa madrugada. 

Mi abuela y yo platicamos mucho sobre lo que ocurría después de la muerte y ese día me salió decirle esto:  

– Abuela, al chile no sé qué va a pasar… pero es la última prueba y no estás sola. Te acompaño y te amo.

Me senté en la silla a lado de su cama y buscó mi mano. Mi abis ya no podía hablar pero me dijo mucho. 

Ese fue el último momento que tuve con ella. 

¿Y qué te digo?

Mi abuela era una mujer sumamente inteligente que me dejó muchos regalos y estoy segura que ella sabía los regalos que me dejaba muchísimo antes de que yo me diera cuenta. 

Creo que aún no los descubro todos y para ser honesta caí en depresión poco después de su muerte. Dejé de escribir, pensaba en lo insignificantes que somos. Pensaba en lo efímero de nuestra fucking existencia y sin necesidad de hacer regresiones lineales hasta saqué pronósticos sobre el futuro del homosapien & we are not doing well, are we?

Disforia me dijo el Humberto que estaba viviendo. Y con la disforia vino mi mal humor y malestar. 

Escribir me molestaba y no escribir me molestaba peor. 
Dormir me molestaba pero pararme de la cama parecía una misión imposible.

Se fue la matriarca y la que a lo largo de toda mi vida ha representado una figura que me rescata en las peores. 

Con ella en tangible estaba a salvo pero ella ya se quería ir y ya era su tiempo. Ella era muy inteligente y confío en lo que deseaba. 

No lloro por ella, lloro por mí y a lo mejor suena egoísta pero es verdad. 

Porque al chile no sé qué pasa después de la muerte y nunca lo sabré y aunque me conformaba con eso, la cosa es que yo seguía aquí y aquí seguía habiendo incertidumbre.
Aquí hay dolor y ansiedad y miedo. Aquí existe la soledad.

¡Es real y tangible!

Cuando la abuela era tangible y en su casa todo eso se esfumaba. Estaba protegida. 
Ahora no está y además me dejó una vara muy alta de alcanzar.

¡La abuela me dejó muchos regalos! muchos más de los que puedo y quiero contar.
Me pasó la batuta.
En la fragilidad de su cuerpo, pude ver su infinita fortaleza y despertó la mía. 

En el lecho de su muerte pude enfrentar el terror que sentía al imaginar el mío.

Me prestó sus ojos verdes un ratito y pude descubrir un universo muy diferente. 
Verla a ella me ayudó a verme a mí. 
Y fue un espejo distinto al que yo estaba acostumbrada.
En ella vi una guerrera y ahora lo cargo en el ADN. 

Me pasó la batuta, y holy fuck en qué carrera. 
Corrió muy rápido y se adaptó a todos los climas. 
¡Hasta cuando estaba cansada! 
Corrió incluso cuando su cuerpo no podía ni caminar.

Me pasó la batuta, me toca empezar a correr…
Y aunque a veces me siento cansada y el clima se pone rudo,
¡me encanta el carril de relevo en el que estoy!
Es mi historia. 

Me dejó muchos regalos.
Más de los que puedo y quiero contar.

También me dejó una vara muy alta de alcanzar…
… pero me quedan muchos años, abuela. 
Y soy una guerrera, está en mi ADN.

Si leíste todo o un poquito, GRACIAS <3 

PAU


CUANDO MI ABUELA SE ENTERÓ DEL DIAGNÓSTICO

Me fui corriendo a casa de mi abuela a los pocos días de que el Humberto me dio el diagnóstico.

Lo que tenga que ser, que sea.

– Abuela, tengo TOC
– ¿Qué es eso?
– Trastorno Obsesivo Compulsivo, Abis. Es una enfermedad mental.
– ¿Quién te dijo eso?
– El psiquiatra

Se me quedó viendo muy seria y me respondió:

– ¡Está loco!

Seguido de su carcajada mágica… así era mi abuela.

6 thoughts on “LA BATUTA DE LA ABUELA

  1. Pau, que pena el fallecimiento de tu abuela, recuerda que solo regresó a casa 🙌🏼🙏🏼. Aprende y pon en práctica las grandes enseñanzas que te dejó y llévala en el corazón . 🤗. Un abrazote.

  2. Pau Que bonito expresaste el amor de tu abue !!! Guerreras las dos !!! 😘💕 generaciones llenas de fortaleza y de amor incondicional …. ❤️

  3. Hermosísima historia. Que maravilla que conociste y disfrutaste a ese gran ser humano que fue tu Abis. Por siempre estará a tu lado. Besos mi Pau!!!! 😘💕

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