EL TOC Y EL TEC

EL TOC Y EL TEC

Estaba sentada en una sesión con el Humberto… era una de las primeras a partir del diagnóstico. 
Tenía muchas preguntas que me daban vueltas. 
La ansiedad me estaba carcomiendo. 
Había demasiada confusión en mí. 

Durante esa sesión el pobre Humberto no pudo ni hablar. 

Había llegado muerta de ansiedad a la psicoterapia porque se me había olvidado mi diario. 

¡El diario donde tenía apuntadas todas las preguntas y mis dudas! 
¡El diario donde tenía subrayadas cosas que yo creía importantes de mostrarle al Humberto!

No pude dejar de hablar hasta que le dije 

– Humberto me cuesta mucho comunicarme… 
… pienso mucho y pienso muy rápido. 

Ese día tomé la decisión de aceptar un aumento de medicamentos. 

Y mientras el Humberto me recetaba los chochos mágicos, yo con lágrimas en los ojos, mocos en la nariz y las manos temblando le dije: 

“Si algo he aprendido en esta vida, es aprender… voy a aprender a manejar esto, Humberto.” 

Aunque puedo ver que en realidad me lo estaba diciendo a mí.
Lo necesitaba escuchar. 

En la adolescencia fui muy rebelde. 
Pero muy rebelde. 
Pasé como por 5 escuelas diferentes. 
La vida en general me costaba trabajo. 

Me estresa-ba cualquier autoridad jijitl. 

Me gané mi doctorado en rebeldía. Salía de noche y llegaba tardísimo a mi casa. Cuestionaba cualquier autoridad. Me corrieron de escuelas muy chidas académicamente y también me corrieron de unas que seguramente rompí records porque nunca habían corrido a ningún alumno (mega chafas).  

¡Imagínate! 

Pero como diría nuestra gran filósofa y tesoro nacional, Thalía:

“Pero no me acuerdo, no me acuerdo…”
CHAN CHAN 
 “… y si no me acuerdo no pasó, eso no pasó” 

Anyways… 

Mi rebeldía me costó. 
Me hizo mucho daño. 

Según quería ser abogada y estuve trabajando en un despacho de abogados de los 16 a los 18 mientras “estudiaba” para un examen único para pasar preparatoria. 

Tenía un jefazo que ahora y para siempre será mi gran amigo. Esa fue la primera oportunidad laboral formal que tuve. Y no sé por qué pero Lino (mi equipo) confió en mí lo suficiente como para darme trabajo durante casi 3 años ahí. 

En ese intermedio, a los 17 años estaba en una crisis ruda. 
Tenía muchísimo miedo del futuro. 
No tenía la prepa.
Ya estaba tachada de rebelde. 
Y resultó que mejor no…. que derecho no era lo mío. 

No había ni presentado el examen único pero… 

“puta, seguro con esos exámenes nunca te aceptan en una buena universidad…” 

Cagada de miedo le pedí ayuda a Ger mi hermano.

Me llevó a un Starbucks, le conté todo lo que me daba miedo del futuro… faltaba una semana para el examen único y no había estudiado ni maíz paloma. 

“Híjole ¿ahora cómo le hago para aprender?”

Me dijo que él creía en mí y me dio un consejo que se me quedó grabado para siempre 

– Pau, no sobre estimes lo que puedes hacer en un año y no subestimes lo que puedes lograr en una década.

De hecho tan grabado que puse manos a la obra. 
Estudié una semana antes del examen y de cagada lo pasé. 

Ufff paso uno estaba resuelto pero ahora se me venía la ansiedad de ¿dónde y qué quiero estudiar? 

Fui a platicar con mi hermano Ro y me dijo: 

“Poly… estudia lo que tú sientas ahorita.”
“Total da igual, siempre cambiamos y si a los 27 se te antoja ser médico pues te metes a estudiar medicina y ya.” 

Profeta el Rorris que supo que a los 27 se me iba antojar “ser” otra cosa… solo que no era medicina. 

Es ser escritora. 

Pero antes decidí estudiar merca y elegí aplicar al Tecnológico de Monterrey… 
… y que me aceptan. 

“OLOVGGG” 

Rorris me acompañó por mi carta de aceptación

¡Ni me la creía! 

Tan no me la creía que hasta vomité de la emoción/ansiedad.
Pero vomité como princesa (¡obvio!) pura diamantina salió de mí ese hermoso y soleado día. 

“¿Y ahora qué voy a hacer?”
“Llevo años sin estudiar en una escuela formal.” 
“Puta seguro no la voy a armar…”
“¿Qué hice?” 
“No mames ¿qué hice?”
“OLOVGGG”

Anyways… 

Estaba sentada esperando a que dijeran el nombre de mi hermano. Mis papás no podían aguantar la emoción. Era la graduación de Rorris y yo lo iba a relevar; el próximo semestre ya me tocaba a mí convertirme en un borrego cimarrón.

En la Universidad conseguí las mejores amistades del mundo, me divertí a montones y disfruté de momentos increíbles. 

El problema no era la parte social.  
Eso sí que era fun fun fun… 
… y vaya que me viví y gocé la universidad en ese sentido. 

Lo no tan divertido es que no podía fallar. 
No me daba chance. 
Ansiedad, ansiedad y más ansiedad. 

Cuando no me preocupaba también me preocupaba no preocuparme.

Venía de ser la rebelde que corrían de las escuelas de los corridos. 
Ese era mi papel y personaje. 
Lo trabajé bastantes años. 
¿Cómo le iba a hacer ahora para demostrar lo contrario? 

Pues vi algo interesante en la graduación de Rorris que le dio las respuestas a todos mis problemas. 

Vi rimbombante, gloriosa y dichosa al mujerón que se ganó un montón de premios en su entrega de título… 
… y entonces hice estas matemáticas:

“Si te ganas una mención honorífica y obtienes el mejor promedio de la carrera… te van a respetar y admirar”
“Tú tienes que ser esa en tu graduación”

Pathetic, right? pero es verdad. 

En la primera clase, del primer día, del primer semestre, el profesor Juan Carlos (ahora mi amigo) se presentó y procedió a explicar qué nos esperaba.

Estaba mega agobiada y me dolía la panza desde que salí de mi casa… 

Todo iba “bien” hasta que “el JC” dijo: 

“En este parcial su examen será un elevator pitch, lo cual significa que solo tienen lo que dure el elevador de subida y bajada para convencerme de invertir en su primer proyecto.”

“No mames, no mames, no mames, qué estrés.” 
“¡Ya valió madres!”

No aguanté y me fui a llorar al baño.
Me encantan los baños you know it, baby! 

“¿Qué hiciste, Paulina?”
“Obvio no vas a poder” 
“¿Por qué haces que tus papás tiren su dinero en esto?”

Me llené de valor, tomé aire así como actriz de telenovela y me puse una meta más accesible porque la otra ya se veía inalcanzable desde la hora uno del día uno.

“Tengo que tener como mínimo 90 de promedio si no, olvidate de una buena beca para la maestría” 
“Total el 90 todavía me convierte en alguien admirable.”
“… Y una maestría también.”

Lo más cagado es que tengo 27 años, le estoy dando un giro profesional a mi vida y obvia-pinches-mente no sabría ni qué maestría estudiar jajaja. 

Y keep in mind que esa conversación pasó en mi cabeza en la hora uno, del día uno, del semestre (you guessed it!) uno.  

¿Ahora entiendes por qué me causaba tanto estrés? Pues yo hasta hoy lo puedo admitir jajaja.

El primer 80 que tuve durante un parcial me quebró. 
Llegué ansiosa a mi casa porque había fracasado desde que empecé. 

“Ya fallando y apenas empiezas” 
“Saca las cuentas para ver cuánto necesitas en las siguientes 45 materias para todavía tener el 90.”

Y así lo hice durante cada semestre de toda la carrera. 
Digamos que tengo una pequeña tendencia a obsesionarme jiji (gracias, TOC) 

FUUUCK! 

Me fui volviendo mejor cada semestre que pasaba. Más rápida y ágil.

Aprender es fácil me di cuenta pero… 

Flashforward al día anterior de mi entrega de título, mi mamá y yo recién salíamos de clase de yoga:  

– Pau ¿ya sabes qué te vas a poner mañana? 
– No voy a ir a la entrega, Ma.
– ¿Qué? ¿Por qué? Obvio tienes que ir 
– Porque a mí me valen madre esas cosas, Ma…
– Pero, Pau… todo tu esfuerzo 

Aunque ya sabemos que no me valía madre… 

La respuesta honesta era: 

“Porque no voy a tener ni el mejor promedio de la carrera, ni una mención honorífica y me carcome.”

Solo iban a decir mi nombre para entregarme un título. 
No iba a sonar nada “digno de orgullo” antes de mi nombre.

¡Cómo si recibir un título no lo fuera! 

NEL, yo me había esforzado y angustiado 4.5 años para nada.

Ahora sí que como diría la gran filósofa Nicki Minaj:

“Hice toro ese llanto por nara” 

Mi mamá no sabía ni qué onda me pasaba (¡obvio!) pero me llevó a todo un día de treat yourself y me convenció de ir. 

En ese treat yourself, mi ma me compró un outfit y en el vestidor de la tienda me solté a llorar muerta de ansiedad, la abracé y le di las gracias por estar conmigo y por acompañarme. 

*Si hubiera sido en un baño, esa escena hubiera sido más que perfecta para esta telenovela.* 

Bien latino el pedo.

Qué bueno que me convenció de ir (thanks, momma!).
Porque me merecía disfrutar y lo disfruté.

¿Sabes algo chido?…

I FUCKING DID IT!

Corrida de las peores escuelas a ser la número uno en una de las mejores universidades.
¡Nada me podía detener!

¡Mi hermano me lo había dicho! 
¿Una década? 
KUMBAYA! lo hice en 6 años, baby!  
¡El mundo era mío!

Fui muy feliz ese día… pero luego llegó el amanecer del día siguiente. 

“No mames… “
“¿qué tal si este es el pico de tu vida?”
“¿Y ahora qué hago?”
“Además… si te lo ganaste fue por suerte.” 
“No mames ahora cómo supero eso”
“OLOVGGG”

Lo que me hizo sentir gloriosa, dichosa y rimbombante, al día siguiente se tornó en ansiedad y auto tortura. 

Así ha sido en general mi vida. 
Todo lo que me causa verdadero placer lo rechazo. 
Y todo lo que me causa angustia le doy bienvenida hasta con mariachis. 

Es lo que me ha ayudado a sobrevivir. 
Así aprendió mi cerebro a sobrevivir. 
Ahora si que “castigarme is my passion”.
Así aprendí. 

El Trastorno obsesivo-compulsivo no es más que un mecanismo de defensa. 
Mi cerebro piensa cosas atemorizantes muchas veces… eso es una obsesión. 
Y para calmar la angustia de mis obsesiones tengo unos cuantos bellos rituales llamados compulsiones. 

Así aprendí a sobrevivir. 

Desde chiquita escribo. Realmente es algo que disfruto hacer y hace que me pare de la cama hasta en las peores situaciones y aún así en este momento mientras termino de escribir esta entrada no puedo evitar pensar de repente

“¿Qué estás haciendo?”
“Intentar ser escritora a los 27 años” 
“Mierda… es volver a empezar de ceros”
“¿Será una compulsión escribir?” 
“OLOVGGG” 

¿Lo estoy rechazando porque amo hacerlo? 
¿O solo estoy tomando una decisión profesional errónea?

¿Sabes? 

La respuesta todavía la tengo nublada. 

Ya estaba aceptada para una maestría en contabilidad en Massachusetts y un día antes decidí mandarla a la fregada. 

“¿Será que la cagué y debí tomar ese camino aunque no fuera el placentero?” 

En esto de la terapia muchas veces siento que doy tres pasos pa delante y dos para atrás. 
En total he pasado aproximadamente 36 horas en mi cueva (mi lugar más seguro) esta semana. 
Me hago muchas preguntas incorrectas.
Pienso mucho y pienso muy rápido. 

Eso me confunde mucho.
Confunde cuando todo está a mil por hora.
Pero de algo estoy segura 

Me estoy castigando. 
Así aprendí a sobrevivir… 

“Híjole ¿ahora cómo le hago para desaprender?”

La semana pasada, a la mitad de una sesión bastante ruda, sentada en la silla de mi escritorio y viendo en la pantalla al Humberto le dije:  

– Si algo he aprendido en esta vida, es aprender…
… voy a aprender a desaprender, Humberto.

Jajaja ¡ojalá eso le hubiera dicho!
Hubiera estado perfecto para esta telenovela.
Ya sabes, bien latino el pedo.

En fin, mientras haré lo que siento (escribir) sin subestimar lo que puedo lograr en una década.
Y total, si a los 37 se me antoja ser médico estudiaré medicina.

Si leíste todo o un poquito, GRACIAS <3

Pau

THE GREATEST THREE OF THEM ALL

7 thoughts on “EL TOC Y EL TEC

    1. LALIS!!!!!!!!! no sabes la emoción que me da escuchar de ti!!! y no sabes lo mucho que significa para mí que me leas y que te tomes el tiempo de escribirme esto <3 !!!

      Te extraño mucho más!

      Aprovechemos la cuarentena para una chelita virtual <3

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